Con la conquista de América,
que era una posesión personal del monarca
de Castilla, el idioma castellano se expandió
a través de todo el continente, desde
California hasta la Tierra del Fuego. En esa
época no existía España
como entidad unificada, sino una unión
dinástica de varios reinos y territorios
con grados diversos de autonomía: la
Corona de Castilla, los reinos y territorios
de la Corona de Aragón y el reino de
Navarra[3].
El original idioma castellano
derivó luego en numerosas variantes
que, si bien respetan el tronco principal,
tienen grandes diferencias de pronunciación
y vocabulario (los nombres de las comidas,
por ejemplo, son muy diferentes en distintos
países). A esto hay que agregar la
influencia de los idiomas de las poblaciones
nativas de América, como el aymara,
náhuatl, guaraní, chibcha, mapuche,
maya, y quechua, que en sus respectivos países
han hecho importantes contribuciones al vocabulario.