En un tramo entubado de la principal avenida,
la Paulista, por ejemplo, el arte acompaña
a los automovilistas detenidos por un tráfico
que se pierde en el horizonte con reproducciones
de obras brasileñas como las de Tarsila
do Amaral. Abaporu, ese personaje de pies
grandes y con un cacto de fondo de colores
intensos, amarillo, verde, rojo mira a sus
espectadores que buscan cómo sobrellevar
la inmovilidad.
El abanico de posibilidades
no deja a nadie aburrido. Especialmente durante
estas semanas en que las que se desarrolla
la famosísima Bienal de Arte de San
Pablo. Abrió sus puertas el 7 de octubre
y las cierra el 17 de diciembre. Una de sus
estrellas indiscutibles es la obra del argentino
Tomás Sarraceno. El artista presentó
una instalación compuesta por tres
enormes burbujas plásticas, con una
escalera en el medio por las que el visitante
puede recorrerla.
Todas las estéticas
Pero la agenda es interminable.
El Museo de Arte de San Pablo siempre promete
muestras antológicas, la Pinacoteca
es una visita obligada, las exposiciones de
artistas brasileños y extranjeros se
multiplican en salas, fundaciones, bancos,
parques, museos y surgen nuevos espacios en
nuevos barrios. Todas las estéticas,
estilos y géneros conviven en esta
ciudad que a veces queda fuera de control.
La lentitud obligada del andar, la llegada
tarde habitual a toda cita, permite darnos
cuenta de que estamos ahí, en la capital
del arte latinoamericano.
"El circuito comercial
del arte de San Pablo integra el circuito
internacional del mercado artístico
y la Bienal, cada dos años, reúne
a la ciudad y sus artistas, marchands, galeristas
y museólogos de todo el mundo",
explica nuestro guía, el artista plástico
Tomás Vega.
Al salir a la superficie de
la avenida Paulista, emerge la fachada del
MASP, el Museo de Arte de San Pablo, que hasta
hace pocos días albergó "Degas,
el universo de un artista", una gigantesca
exhibición de dibujos, esculturas y
óleos del pintor impresionista francés.
Una multitud respondió a su convocatoria.
Actualmente se exhibe una muestra
inaugurada la semana pasada, titulada "Brasiliana"
que repasa la obra moderna y contemporánea
del Brasil.
La fachada del MASP, vista
desde la vereda de enfrente, destaca su imponencia.
Ese cubo es visible desde todas partes. En
la misma avenida, al 2.000, hay una galería
que ocupa media manzana donde se encuentra
la librería más famosa de San
Pablo. Livraria cultura es el sencillo nombre
de una casa dividida en cuatro locales donde
se venden todos los géneros literarios.
El dedicado al arte es uno de los que convocan
más compradores y curiosos que pasan
obligadamente por allí.
En la entrada de la galería,
donde se encuentra la "Livraria",
hay una muestra organizada por la Caixa cultural.
"Sonhos mexicanos" es el nombre
de un conjunto de obras de Felipe Ehrenberg.
Erotismo al óleo. Algunas señoras
salen sonrojadas de la Galería da Paulista;
los jóvenes, sonríen.
"La calle y los espacios
alternativos hoy son los lugares del arte",
dice Tomás Vega, hijo de argentinos,
y egresado de la carrera de artes de la Universidad
de Campinas. Y explica: "La calle es
el primer y más directo blanco de los
nuevos artistas gráficos. Ellos no
protestan contra la falta de espacios para
exponer, simplemente quieren mostrar su arte
de valor gráfico y cuestionan el valor
de la obra en el mercado". Sus obras,
al final, se incorporan al caos visual que
le da vida y somete a San Pablo.
Otra variante es el pixa©ao,
una forma de graffiti en la que letras de
rasgos "artísticos" se cuelan
en lugares insólitos, inaccesibles,
lo que las vuelve más llamativas. Algunos
graffiteros realizan trabajos subvencionados
por la ciudad para pintar los grandes viaductos
y muros, sobre todo en las áreas más
deterioradas.
De Portinari a Miró
De vuelta en el recorrido que
propone la avenida Paulista encontramos, en
todas las cuadras, bancos que invierten en
arte y generan espacios para exposiciones.
El banco Itaú, por ejemplo, erigió
un centro cultural deslumbrante. Tres plantas
donde las muestras paralelas gozan de permanente
buena salud. Desde su creación en 1997,
el programa nacional del Itaú recibió
más de siete mil proyectos y también
produjo decenas de exposiciones, shows, videos,
CDs, entre otros productos.
Por su parte, el Centro Cultural
FIESP atrae con una exposición antológica.
La vida del periodista Odorico Tavares cobra
vida a través la colección personal
que armó durante sus años en
Bahía. Tavares reunió innumerables
obras del arte brasileño. Se cuentan,
entre otros: Portinari, Di Cavalcanti, Pancetti,
Djanira, Antonio Bandeira, Segall, Volpi y
Guignard. Pero los tesoros de la exhibición
son, sin duda, los Picasso, Matisse y Miró.
Verger fue un fotógrafo
francés que vivió en el estado
de Bahía y retrató la vida de
ese lugar inspirador de artistas de todas
las expresiones. Precisamente varias de esas
fotografías en blanco y negro se exponen
en forma permanente en el restaurante que
lleva su nombre en el refinado hotel Sofitel
del barrio Ibirapuera. Verger solía
caminar por los barrios de San Salvador de
Bahía con su legendaria Rollerfleix
de formato 6 x 6. Con esa máquina captó
un realismo sobrio y sensible donde no parece
haber distancia entre el fotógrafo
y el objeto fotografiado. La muestra permanente
es acompañada, en el restaurante, con
una decoración en blanco y negro. Sobrio.
Allí se pueden comer platos con influencias
orientales, africanas y europeas.
Soplos de poesía
Y cómo es lógico,
en esta ciudad de contrastes sociales y económicos,
también hay lugar para el futurismo
y las experiencias que otorgan las nuevas
tecnologías. El escenario es una sala
en penumbras de la universidad Fundación
Armando Alvares Penteado (FAAP) ubicada en
el muy distinguido barrio Higiénopolis.
La mayoría de los artistas son alumnos
o egresados de esta casa de estudios. Frente
a una pantalla blanca hay un aro pequeño
metálico sostenido por un soporte de
micrófono. Hay que soplar por allí
y entonces una voz recita una poesía
de Pessoa y los versos aparecen en la pantalla.
Pero si pasado unos segundos no se vuelve
a soplar la poesía se apaga y desaparece.
Título de la obra: La poesía
es efímera.
En otra parada, y con una linterna
en la mano, se ilumina el fondo de una fuente
con agua y esa energía le da vida a
unas plantas que crecen con luces de colores...
Nos vamos del centro, del tráfico
que deshaucia, de los edificios torre, de
la contaminación visual, de las calles
militarizadas y las rejas altas y calles cerradas
para proteger a los vecinos que allí
viven. El final del recorrido del metro paulista
Linha verde nos deja en las puertas del barrio
Vila Madalena, un descanso para los ojos,
los oídos y el paladar conocido como
Vila Madá. Es la versión brasileña
de Palermo Soho, grande pero con bastante
espacio entre negocios y bares. Locales de
diseño, artesanías, ropa, música,
hasta se puede comer en el único lugar
que se hacen empanadas en la zona. Y hay cerveza
para todo el mundo. Bienvenido a la noche
eterna. Aquí nadie duerme.
Una ruta sin fin
En la calle Mourato Coelho
aparece uno de los espacios más originales
y novedosos del barrio. Moda y arte, raro
matrimonio que genera tanta admiración
como extrañamiento. La sala se llama
The house of Erika Palomino. Arte joven, instalaciones,
pinturas, decoraciones, relieves... no hay
nadie en el espacio pero uno lo disfruta como
si fuera... una casa: hay un patio, una mesa
para merendar, baños decorados frenéticamente
para quedarse horas, una barra para tomar
cerveza. Entonces, y casi como una aparición
mística, llega Erika. Jeans y alegría
pura y brasileña. "Bienvenidos
a mi casa" dice y cuenta cuánto
le gusta organizar la vida allí. Es
una de las periodistas más conocidas
en el mundo de la moda, también es
consultora en ese rubro y durante una década
fue la firma que dictaba los mandatos de lo
que "hay-que-usar" desde su columna
en la Folha de Sao Paulo. Ahora lo hace desde
su sitio en Internet: "Quiero un espacio
en el que las personas manifiesten sus creatividades,
hagan cosas diferentes. Aquí cada uno
viene y hace lo que quiere, yo los ayudo,
los junto", dice la chica glamour de
San Pablo.
Dejo la House y sigo por esas
calles de barrio despierto y entro en Ima
Foto Galeria, una galería de fotografía
contemporánea donde se pueden comprar
obras de artistas jóvenes y experimentados
que exponen y frecuentan este sitio en la
Vila Madalena. La lista de galerías
y exposiciones no tiene fin.
No hay que dejar de conocer
la Pinacotea, donde la tradición y
lo contemporáneo dialogan, entre la
pintura y la fotografía. Tampoco hay
que olvidarse del Museo de Arte Moderno ni
de la Bienal que hasta diciembre exhibe la
vanguardia del arte mundial. La ciudad inmensa
y descontrolada alberga arte y artistas en
cada uno de sus rincones. Los visibles y los
invisibles.