Para
muchos Colombia es sinónimo de guerrillas,
paramilitares, narcos, violencia, desplazados, secuestros,
niños de la calle, ajustes de cuentas, cocaína.
Y todo ello es sin duda parte de la Colombia de hoy,
lamentablemente la más conocida por la influencia
mediática.
Pero Colombia le sorprenderán
por su riqueza, color y contrastes. Porque Colombia
es también mucho más es próspera,
rica, con una moneda fuerte desde hace años,
laboriosa, fabricante y exportadora de muchos productos:
café, azúcar, carbón, petróleo,
níquel, y otros más elaborados como
muebles, textiles, flores, medicinas, que se venden
en todo el mundo; con una extensa clase media en
su mayoría de origen europeo, una rica vida
cultural, la mejor atención al cliente, un
castellano precioso, una creatividad artística
muy desarrollada, y en general, una población
mestiza (europea, indígena y africana) inteligente,
vivaz y alegre.
Colombia es un país de
contrastes su gente cautiva con su amabilidad, su
encanto y talento, mientras caminas por el inigualable
casco antiguo de Cartagena de Indias oyendo como música
de fondo el acordeón de un vallenato de Carlos
Vives, una cumbia, porros y fandangos, "salsa
a tope" , o simplemente una de esas fantásticas
canciones que interpretan Shakira, Juanes o Maía.
¡Qué más se puede pedir!
Si además tenemos en cuenta
su emplazamiento entre el Mar Caribe y el Océano
Pacífico, con playas y sitios espectaculares;
las tres cordilleras que la atraviesan de norte
a sur, brindándonos los valles del Cauca
y del Magdalena; sus Parques Nacionales destacando
el de Tayrona y los Nevados con sus volcanes; y
la Sierra Nevada de Santa Marta erigida a la orilla
del Mar Caribe, concluiremos que su geografía
y relieve conjugan perfectamente, cuando no explican,
el vigor y la vitalidad del pueblo colombiano.
Sin embargo para los pocos viajeros
que conocen Colombia, lo más atractivo son
sus restos arqueológicos. Y a la cabeza de
ellos, la Ciudad Perdida. Un lugar de ensueño,
de difícil acceso y donde se percibe una
sensación similar a la que debieron sentir
los primeros en llegar al Machu Picchu, antes de
que el turismo masificara su entorno.
En definitiva, estamos ante un país
increíble, a veces surrealista para el visitante
porque pasa de todo y parece que no pasa nada.