El
hecho de que Perú haya sido y siga siendo uno
de los destinos turísticos más importantes
de Sudamérica no puede extrañar a nadie.
Presume de ser el país con mayor número
de sitios arqueológicos de todo el subcontinente
americano.
Sólo con nombrar la palabra
Machu Picchu cualquiera se ubica de inmediato en
este país andino, que tiene el orgullo de
ser cuna del Imperio Inca.
Miles de personas realizan viajes
a Perú para visitar las famosas ruinas de
esta brillante cultura, extendida a lo largo de
más de 5000 km, y alcanzando su culmen en
el Valle Sagrado del Río Urubamba, sobre
cuyas cimas se impone “La Ciudad Perdida”
de Machu Picchu.
En estos viajes a Perú descubrirás
toda la magia y el esplendor que envuelven a lo
relacionado con los Incas son merecidos. Sin embargo,
este inmenso país, que equivale a casi tres
veces España, esconde muchos más enigmas
de los que pueden conocerse en una visita breve.
No son sólo restos arqueológicos de
milenarias y múltiples culturas precolombinas
lo que ofrece Perú (Inca, Chavín,
Paracas, Mochica, Nazca, Chimú...), que no
es poco.
Perú es, además, una
riquísima fuente natural de variados ecosistemas,
que van desde la selva amazónica (ocupa el
60% del país) hasta el desierto que recorre
todo su litoral, pasando por la Cordillera de los
Andes, que invita a la práctica del alpinismo,
trekking, senderismo, o a la simple observación
de sus espectaculares paisajes de picos nevados
y lagunas glaciares.
El aspecto humano termina de completar
la caja de sorpresas que Perú brinda a sus
visitantes. A pesar de que existen, en este caso,
otros contrastes menos positivos como son la pobreza
y la marginación de muchos frente a la evidente
riqueza de unos pocos, el pueblo sigue adelante.
Como heredero fiel de una enriquecedora
mezcla de culturas y razas tan diferentes (indígenas,
africanos, asiáticos, hispánicos...)
ha generado un original y espléndido folklore,
con creencias y tradiciones que se funden en el
sincretismo religioso. Mientras a la Madre Tierra
o “Pachamama” se le ofrece el primer
trago de cada bebida, procesiones cristianas pasean
sus Santos por las mismas calles que en su día
recorrieron los emperadores Incas adorando al Sol.
No es fácil encontrar
destinos que ofrezcan tantas razones para justificar
su visita.